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Lisa Kerner, la excelsa dibujante que creó Casa Brandon

Written by Cristina Civale

Doble celebración para Lisa Kerner esta semana. El sábado 9 su exposición «Todo liso. Mi familia yo-yo», ganó el premio a la mejor muestra del año. El galardón fue otorgado por Teatro Mandril, espacio que cobijó la muestra de dibujos de Kerner que estuvo de tour este año y que se inauguró en julio en el Centro Cultural Rojas.

Este viernes, además, Kerner presenta al mundo la editorial Brandon que da a luz su primer libro, Gordx el que lee, una colección de textos robustos que se vienen leyendo en Brandon desde hace dos años. Convocaron a las lecturas no sólo Kerner sino también Diego Trerotola, Flor Monfort, Hope Duluoz y Nicolás Cuello. El libro registra esas lecturas y cuenta con textos de monsters de la talla de María Moreno, Liliana Viola, Salome Wochocolosky, Gabby De Cicco y Mariana Komiseroff, entre otrxs.

Conocí a Lisa Kerner a finales de los 80s en los cruces nocturnos que tenían lugar desde El Dorado hasta Cocoliche o La Age of Comunication donde fue parte del staff. Antes nos habíamos visto en Bolivia y en el Parakultural.


Nos seguimos cruzando en distintos ámbitos que mezclaban la noche y el arte pero creo que realmente conversamos cuando yo escribí mi libro sobre la noche porteña –Las mil y una noches. Una historia de la noche porteña 1960-2010– y hablamos sobre Casa Brandon, el espacio que nació hace 17 años con la idea inicial de ser un sitio de encuentro que faltaba: un sitio para la comunidad  LGBTIQ.  No como ghetto sino anfitrión. Brandon albergó todo tipo de diversidades, de disidencias contra el disciplinamiento no sólo de cuerpos sino de la escritura, del pensamiento, de la política, de un modo de mirar el mundo sin las paredes mórbidas de los nichos.

Eso me djo entonces, en 2011, y lo suscribe hoy: «Éramos cuatro amigxs caminando por la avenida Córdoba, buscando un lugar gay copado para ir. Hartxs de no encontrar lo que queríamos, decidimos crearlo. Nos dimos cuenta de que teníamos la libertad de hacerlo y de que posiblemente habría más gente en la misma búsqueda, con las mismas inquietudes y así fue. De hecho todavía nos sorprende que no hubiera un solo espacio explícitamente gay y, además, con otra onda. Con calidad en DJs, de precios accesibles y sobre todo, con una mirada de ‘lo gay’ diferente: más alegre, más sutil, más interesada en el arte, la producción cultural, crítica y comprometida. El nombre surge como un homenaje a Brandon Teena, un trans asesinado en los Estados Unidos víctima de un crimen de odio. Nuestra primera fiesta fue en el año 2000 en un espacio muy pequeño que se llamaba Cápsula. No éramos más de cincuenta personas. Tocaron Carla Tintoré y UltraViolet (quien se incorpora al staff de Brandon días mas tarde). Fue una noche muy inquietante». La idea de club caracteriza a Casa Brandon y es, sin duda, uno de sus mayores aciertos. Sigue explicando Lisa: “Creemos que el sentido de club tiene que ver con una idea de pertenencia. De sentir un lugar como propio y con una propuesta que te identifica. Es decir, un club ofrece diferentes actividades para sus miembros, con una línea clara. No se puede decir que Brandon es sólo una fiesta».

Lxs creadores de Brandon, hoy conocida x todxs como «la casita», fueron además de Lisa, Jorgelina De Simone, Violeta Uman y Filipe Francisquini, que antes del primer año partió hacia otros rumbos.

Lisa y Jorgelina fueron el corazón del lugar, probablemente por el amor que las unió y que potenció ese espacio con generosidad. Jorgelina murió este año. Su agonía fue larga y dolorosa. A su lado, en ese viaje inevitable, estuvo Lisa quien había sido su novia pero que continuaba enhebrando junto a ella el amor desde la amistad, desde sentirse familia y por supuesto socias en la creación de Casa Brandon.

Como escribió Diego Terotrola para Soy: «Brandon fue desde el principio la fiesta de la divergencia sin espacios vip, sin privilegios, pero siempre con desvío amoroso por otros caminos para transitar la diversidad sexual, una sensualidad que ellas todavía no podían llamar queer, porque la palabra en Argentina todavía no tenía el cuerpo necesario para que las seduzca, pero que después adoptaron para decir su revolución cada vez que pudieron. Fueron queer sobre todo porque querían contaminar la imagen de la diversidad, no querían limpiarla, sino hacerla virósica, que se mueva hasta que sea esquirlas de una belleza que impacte sobre todos los cuerpos. Desde las primeras fiestas se mezclaban con distintas expresiones del arte como forma de contaminación. ‘El arte es la posibilidad de ruptura, de diálogo y transformación. Para mí es el único camino hacia la libertad` como explicó una vez Jorgelina.

«Si hablo de este año, tengo que decir que fue muy loco. -me cuenta Lisa-. Hubo mucho mucho tránsito de dolor por la muerte de Jor, y a la vez me pasaron muchas cosas placenteras. Es muy raro convivir con eso. Siento que mucho de lo que soy es por Jor, por todo lo que viví con ella, incluso ese viaje hacia la muerte».

Kerner es casi exclusivamente «famosx» en el circuito porteño precisamente por la creación de ese lugar poderoso que es Casa Brandon, pero con esa gestora y anfitriona inspirada convive otra faceta de Kerner: la de artista.

Sus dibujos singulares, cuentan en el espacio bidimensional del papel más de tres o cuatro dimensiones de su mirada sobre el mundo, cada dibujo es un cuento que ella habita en una historia improbable que la replica en acciones mínimas, con gotas de humor y cinismo. Líneas que no parecen tener bocetos, apostaría que son lo que le sale en el primer trazo, conviven con colores primarios y hasta menos. «Todo liso» es Lisa, es una instalación-biografía que cada vez narra la certeza de habitar un lugar. Lisa dice que sus dibujos nacen sin una idea preconcebida. Es ella, el lienzo y el impulso que materializa. Las primeras pinturas podrían leerse como arcanos de un tarot Kerner, con personajes que detallan su vía crucis. La caminante, la del cadáver exquisito, la de su propio funeral queer, la vacacionante. Todas avanzan hacia la obra más nueva. Al final hay una Lisa Kerner hecha de líneas similares a las de una huella digital. Por primera vez en todas las piezas tiene la mirada fija en quién esté enfrente. Es Lisa.  Y como siempre, interpela. O como dijo aquella vez Jor: «‘El arte es la posibilidad de ruptura, de diálogo y transformación. Para mí es el único camino hacia la libertad».

 
 

PH: Lisa y Jorgelina. Gentileza Sebastián Freire. ©

 

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Cristina Civale