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Así será la instalación de Claudia Fontes para Pabellón argentino de la Bienal de Venecia

Written by jaquealarte

La instalación El problema del caballo de Claudia Fontes  muestra una escena congelada en el tiempo en la cual un caballo, una mujer y un joven reaccionan de maneras diferentes ante una paradoja: vemos desarrollarse una crisis, y sus síntomas son, al mismo tiempo, la causa del problema. La escena está inspirada en aquellos íconos culturales del siglo XIX en torno a los cuales se construyó artificialmente la identidad cultural argentina, y los desafía en una escena surreal que tiene la impronta de una aparición.

Fontes tomó las ideas para El problema del caballo de tres fuentes diferentes. El punto de partida fue la presencia oculta del caballo detrás de los materiales con los cuales está hecho el edificio. El caballo y su tracción a sangre cumplían, en la época en la que se construyó el Arsenal, un rol protagónico en la fabricación y el transporte de la madera, el ladrillo y el hierro.

Un segundo aspecto contextual que la artista aborda, es la función original del edificio: la fabricación de cañones y balas de cañón para los barcos que se construyeron en el Arsenal desde el siglo XIII en adelante, en lo que constituye el primer ejemplo histórico de una línea de producción, antecesora directa del fordismo.

Finalmente, la historia de La Biennale di Venezia como institución que insiste en perpetuar la tradición decimonónica de las representaciones nacionales hizo que Fontes localizara su acercamiento crítico en cómo la idea de nación se ha forjado a través de la historia, y específicamente en Argentina.

En este sentido, la pintura La Vuelta del Malón de Ángel Della Valle, de 1892, es una referencia clave para El problema del caballo ya que fue la primera obra de arte comisionada a un artista con el propósito específico de representar culturalmente en el exterior a la República Argentina como nación. La pintura representa lo que entonces se entendía como “la conquista del desierto”, la apropiación violenta por parte del Estado de las tierras habitadas por poblaciones indígenas en el siglo XIX en Argentina.

La artista tomó prestados aquellos personajes que tienen un rol pasivo en esa pintura – un caballo blanco y una mujer cautiva – y los puso en acción en su propia instalación, mediante un juego de escalas que expresa las emociones que estos dos personajes intercambian. En un giro contundente, Fontes reemplazó a los jinetes por el edificio mismo del pabellón, junto a todo su contenido histórico. Pero mujer y caballo no están solos en su pathos: 400 rocas amenazantes, un joven y una sombra completan la escena.

En su ensayo para el catálogo sobre El problema del caballo, escribe Gabriel Giorgi:

“El caballo, protagonista central de las narrativas capitalistas y coloniales de extracción y de configuración de lo natural en recurso –que fue, y sigue siendo, el modo dominante de inscripción de América Latina en los imaginarios globales– aquí “salta”, corcovea, patea el tablero de los tiempos y las formas, y trae, como problema, la pregunta por otra relación posible, a la vez que urgente, entre humano y animal –y por lo tanto, otros modos relación entre los cuerpos: otro entre cuerpos — que no queden capturados en las narrativas de la dominación y control que, finalmente, son las únicas que el capital ha podido inventar.”

La obra de Fontes puede verse como una pregunta abierta sobre las posibilidades de revertir las múltiples manifestaciones de la colonización. Al subrayar cómo los destinos de las especies humana y equina han sido entrelazados por la explotación desde el mismo momento en que domesticamos los caballos, El problema del caballo ofrece un relampagueo para reinterpretar la historia de modo diferente, una oportunidad de construir una narrativa alternativa para nuestro futuro como especie.

El problema del caballo es curada por Andrés Duprat, director del Museo Nacional de Bellas Artes de Argentina.

Fuente: web de Claudia Fontes

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